sábado, 7 de noviembre de 2015

Gobernador General Luis Valera


Con la Batalla de Ciudad Bolívar en 1903 quedaron sepultadas las revoluciones caudillescas en Venezuela. Así como desde la capital orinoqueña en 1817 se reoriento victoriosamente la lucha por la independencia, de igual modo en 1903 se inauguró desde esta ciudad un largo período de paz para Venezuela, pero a costa del régimen de fuerza.
            El presidente Cipriano Castro pudo gobernar sin mayores tribulaciones. La Batalla de Ciudad Bolívar le facilitó incluso el autogolpe que le permitió en el increíble lapso de seis días reformar la Constitución Nacional otorgándose para ello el Congreso de la República facultades constituyentes que no tenía.
            Esa nueva Constitución, sancionada el 27 de abril de 1904, le permitió reducir a los 13 los veinte estados federales. Instituir la elección presidencial a través de un cuerpo electoral formado por 14 miembros del Congreso, uno por cada entidad federal; fusión en un solo cuerpo de las altas cortes Federales y la casación, período presidencial de seis años a partir del 23 de abril de 1905, reunión de las Cámaras Legislativas cada dos años por un período de 90 días improrrogable. La nueva Constitución anulaba prácticamente la autonomía de los estados.
            Mientras entraba en vigencia la nueva Constitución, el Congreso Constituyente otorgó facultades al Presidente Castro para que procediese por decreto a reorganizar al país y a nombrar nuevos Presidentes de Estados.
            A raíz de la Batalla de Ciudad Bolívar que dio al traste con el Gobierno regional de Ramón Cecilio Farreras, había asumido el mando en calidad de jefe Civil y Militar el Gral. Luis Valera, quien dispuso la reconstrucción de la ciudad, dándole prioridad al Malecón que había sido destruido durante la batalla para inundar la ciudad dentro de la estrategia de la guerra, aprovechando que el Orinoco de hallaba crecido.
            Otra de sus decisiones consistió en sustituir el Código de Régimen del Estado Bolívar del 17 de noviembre de 1902 por ser muchas de sus disposiciones incompatibles con el régimen civil y militar que a raíz de la batalla se había impuesto en el Estado.
            Valera gobernó hasta el 27 de mayo de 1904 en que fue sustituido por el General Leoncio Quintana, ya no como Jefe Civil y Militar pues la situación se había normalizado, sino como Presidente del Estado, aunque de manera provisional, hasta que hubiese elecciones.
            Mientras tanto, Ramón Cecilio Farreras, quien había escapado tras la derrota fue al final detenido y sometido a Consejo, integrado por cinco Generales, lo sentencio a degradación pública y diez años de presidio encerrado, sin cadenas.
            El comerciante Merino Palazzi, señalando de haber sido obsequioso con la caleta insurrecta y de haber celebrado transacciones con el general Ramón Cecilio Farreras a raíz de su sublevación contra el gobierno, para introducir mercancías clandestinas, fue reconvenido, dada su nacionalidad francesa y posteriormente decidida su expulsión por decreto de Castro.
            La reorganización de los Estados Unidos de Venezuela, de acuerdo con las facultades dadas por la constituyente, empezó por reducir los veinte Estados a los 13 siguientes: Aragua, Bermúdez, Miranda, Guarico, Zamora, Lara, bolívar, falcón, Zulia, Carabobo, Mérida, Trujillo y Táchira. El resto del país quedó dividido en un Distrito Federal y los Territorios Federales los Roques, Cristóbal Colón, Amacuro, Yaracuy y Alto Orinoco.

            Para esa nueva división territorial fue menester desmembrar algunos estados en beneficio de otros. Así, el Estado Aragua se extendió hasta Ortiz y El Sobrero; al estado Bermúdez se le sustrajo la costa de paria a favor del territorio Federal Colón. Al estado Bolívar se le anexaron los distritos Independencia (soledad) y Sotillo. Apure pasó a jurisdicción de Guárico y Guasdualito de apure a la jurisdicción del estado Táchira. Portuguesa y Cojedes pasaron a formar parte del Estado Zamora y el Estado Lara se extendió hasta Yaracuy

viernes, 6 de noviembre de 2015

Gobernador General Leoncio Quintana 1904


El presidente Cipriano Castro, de acuerdo con las facultades que le otorgo el Congreso Constituyente, por mandato de las legislaturas provinciales, procedió por decretó a la reorganización provisional de los Estados de la Unión, para la cual comenzó por renovar los Presidentes de Estados.
            Al estado Bolívar le correspondió el Gral. Leoncio Quintana acompañado en la primera y segunda vicepresidencia por el Gral. Manuel González Gil y Augusto Celis Plaza. Respectivamente.
            El general quintana tomó posesión el 27 de mayo (1904) y uno de sus primeros actos administrativos conforme a la facultad que le confería el Artículo 4 del Estatuto provisorio, sancionado por el Congreso, fue convocar a una Asamblea Constituyente del Estado Bolívar que ahora aparecía en el nuevo mapa de la división territorial con siete distritos: Heres, capital Ciudad Bolívar; Cedeño capital Caicara del Orinoco; Independencia, capital Soledad, Miranda Capital Pariaguan, Sucre capital Moítaco, Sotillo capital Uracoa y distrito José Tadeo Monagas capital San Diego.
            La asamblea convocada para el 15 de julio y por lapso de treinta días, debía estar formada de diputados electos por las municipalidades con sus respectivos suplentes, así: 3 del distrito capital y 2 por el resto de los distritos.
            La asamblea constituyente, al efecto, se instaló el 15 de julio bajo la presidencia del Dr. Brigido natera y dictó una nueva constitución y una ley de elecciones para que a partir de 1905 el estado tuviese gobernador y cuerpos deliberantes electos por los representantes del pueblo escogidos en elecciones primeras en todos los municipios. Además de sus representantes al congreso nacional.
            Al efecto, en septiembre las personas aptas para votar se reunieron en plazas públicas de los municipios y designaron a los miembros de las juntas de sufragios. En octubre se realizaron las elecciones constitucionales y el primero de Diciembre se instaló la nueva Asamblea la nueva Asamblea Legislativa, bajo la presidencia del general miguel Acevedo, diputado por el distrito independencia y fijó el día 6 para la elección del presidente del estado y vicepresidente para el trienio 1905-1908.
            El general Gumersindo Méndez, quien había llegado a ciudad Bolívar el 16 de octubre a bordo de la cañonera miranda, con el cargo de comandante de armas, en sustitución del general luis Valera que la ejercía después de haber desempeñado  las funciones de jefe civil y Militar del estado, comenzó a promocionarse desde su llegada como candidato aspirante a la presidencia del estado.
            Al mes de haber llegado se registró la primera reunión formal de postulación en la residencia de José María Ermazabel y tras una campaña de la cual se hizo eco favorable el diario El Anunciador, fue electo presidente del Estado, el 6 de diciembre por la asamblea legislativa. Favorecidos como vicepresidente resultaron los generales luis Valera y Anselmo Zapata Ávila.
            Días después, para completar la triada de poderes, la asamblea legislativa eligió el tren judicial que comprendía corte suprema de justicia, corte superior, juzgado superior, juzgado de primera instancia en lo criminal, procurador general, fiscal de ministerio público y defensor de presos pobres.
            La navegación a vapor por el Orinoco la sustenta Saltón & Cia y debido al conflicto estuvo prácticamente paralizada, por lo que en abril, mes precisamente en que murió en Nueva York uno de los socios, Guillermo Daltón, comenzó a reestablecerse. Pertenecían a su compañía de vapores del Orinoco. el Guanare , el delta, socorro, masparro, manzanares y el apure.
            Había otros vapores como la alianza, el whitney y la verdad que terminarán naufragando en el Orinoco. Los dos últimos se hundieron ese mismo año de 1904. el vapor Whitney el 27 de junio, al chocar contra el vapor de guerra Zumbador en Río Grande, a una profundidad de 66 pies, y la Verdad, un mes después en la isla conejo. En ninguno de los dos accidentes hubo víctimas debido a que fueron auxiliados por otras embarcaciones antes de que se hundieran completamente.
            El vapor whitney había salido el 21 de junio de angostura. En su último viaje desde la Guaira había traído como pasajero al general José Antonio Barreto Briceño, nombrado por el ejecutivo administrador de la aduana de ciudad bolívar que se había mantenido cerrada durante la sublevación.
            El vapor la verdad había zarpado el 17 de julio hacía San Félix conduciendo a bordo a Bartolomé Tavera Acosta, quien era para entonces Juez de hacienda y al interventor de aduana Aureliano Robles.
            Para 1904 no había circo de toros en ciudad bolívar, sin embargo, se realizaban corridas temporales, para lo cual se improvisaba un coso en el lugar más conveniente. Ese año se acondicionó el solar de la aduana vieja. La corrida se realizó el domingo 20 de noviembre con resultados satisfactorios por parte de la cuadrilla a excepción de Antonio fuentes (boca negra). Antes de la lidia, un toro hirió al empresario Narciso Riera.
            Una segunda corrida programada para el 4 de diciembre donde debía actuar el matador Víctor Fernández (El Asturiano), no pudo darse porque, según el empresario que andaba tan de mala, “algún malvado abrió la puerta del corral donde estaba encerrado el ganado y éste tomó las de Villadiego”.
            Tanto entusiasmo levantaron los toros que a los intelectuales Antonio M. Aponte y Eduardo Fajardo, decidieron sacar un bisemanario con el nombre de El Tauro. Otros periódicos, además del diario vespertino El Anunciador que circulaba desde el siglo pasado, eran Iris de Paz, El Boletín Comercial y Horizontes.
            Por cierto, que ese año El Anunciador dejó de circular durante dos días debido a la muerte del General Agustín Suegart Rochefort, su dueño y director ocurrida el 19 de julio. De nacionalidad francesa, se había radicado en Angostura en 1830 y en un padrón levantado en 1832 figura entre los únicos cuatro extranjeros que entonces residían en la capital de la provincia. Los otros eran el médico Irlandés Juan Marcos Miery, los canarios Pedro Volastero (gobernador y Elias Gorrin (comerciante).

            El general Leoncio Quintana, nativo de Los Teques (1832) y fallecido en Caracas el 2 de agosto de 1917, peleo contra los federalistas y al triunfar la Revolución Liberal Acaudillada por Antonio Guzmán Blanco, fue hecho prisionero (1870). Al año siguiente, desde Ciudad Bolívar formó parte de la oposición contra el gobierno local de Juan Bautista Dalla – Costa y en 1875 invadió desde la isla de Trinidad sin resultados favorables. El Gobierno de Cipriano Castro le dio la oportunidad de ser Presidente del Estado, función que cumplió hasta el 31 de diciembre de 1904, cuando fue reemplazado por el general Gumersindo Méndez.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Gobernador General Gumersindo Méndez 1905-1908


 El General Gumersindo Méndez, electo para el ejercicio constitucional 1905 − 1908, tomó posesión de la Presidencia del Estado el primero de enero como era lo tradicional, mediante un programa de celebración oficial que duró tres días.  Gobernó hasta el 31 de diciembre de 1908.

Gumersindo Méndez Carrero, militar y político, era natural de la Grita, donde nació en 1848 (falleció en Maracaibo el 14 de febrero de 1914).  Participó al lado de Cipriano Castro en la Revolución Restauradora y estuvo en operaciones militares hasta 1904 que el Presidente lo envía a ocupar la Presidencia del Estado Bermúdez y luego la Comandancia de Armas de Guayana el mismo año para allí optar a la Presidencia, en sustitución del general Leoncio Quintana, quien de acuerdo con el decreto de reorganización y nueva Constitución del Estado Bolívar, había convocado a elecciones.

El general Gumersindo Méndez, electo el 6 de diciembre por la Asamblea Legislativa, junto con los generales Luis Valera y Anselmo Zapata Ávila en calidad de primer y segundo Vicepresidente, respectivamente, tomó posesión el primer día del Nuevo Año con un programa que incluyó luego del acto de juramentación, una corrida de toros en el solar de la vieja Aduana y por la noche una función de gala en el Teatro Bolívar.

La celebración se extendió al día siguiente con un banquete que el flamante Presidente del Estado obsequió a los diputados de la Legislatura en el Hotel Guevara donde había un chef de cocina que era mimado por toda la colonia francesa.

La influencia francesa en la Ciudad Bolívar de entonces era notoria por su relación comercial y social con las antillas dependientes de Francia, entre ellas, San Vicente y Martinico.  De manera que en el banquete oficial, al cual asistieron 54 invitados, el menú era totalmente de platos de esa nacionalidad.

Ese día en que se tomó vino Aut. Sauterne, Vieux Listrac y Campagne, se conoció parte del tren ejecutivo del nuevo mandatario: Secretario de Gobierno, Eliseo Vivas Pérez; Jefe de las Milicias, Francisco Croce Moreno; Jefe Civil de Heres, Gral. Tobías Uribe y Alcalde d la Cárcel, Víctor Rodríguez.

El diario vespertino El Anunciador que inició el año 1905 con nuevo logotipo y la columna cotidiana Ayer y Hoy de Zoilo Hermoso, resultó favorecido por uno de los primeros decretos del Presidente del Estado, según el cual las leyes se promulgarían a través de ese vespertino, dado que la Gaceta Oficial dejaría de circular.

El Presidente Gumersindo Méndez poco tiempo estuvo al frente de la gobernación.  Castro lo requirió para otro destino y en su lugar quedó el primer vicepresidente, general Luis Valera, quien prácticamente gobernó casi todo el periodo trienal y a la postre resultaba la mejor garantía de seguridad que planeaba la visita del Presidente de la República, fijada para abril de 1905.

La visita de Cipriano Castro a Ciudad Bolívar, duró cinco días, tras una gira que empezó por Guárico y Apure, luego Ciudad Bolívar, prosiguió hasta el Territorio Colón (Paria), Margarita y finalizó en el Estado Bermúdez (Cumana).

Pero si el general Gumersindo Méndez no pudo concluir su mandato, sino que lo abandonó prematuramente, tampoco pudo terminárselo el Vicepresidente encargado, general Luis Valera, pues este caería enfermo de muerte en septiembre de 1907.  Ese mismo año también fallecieron  Marco Aurelio Uribe Toledo, Cónsul de Colombia en el Estado, con apenas cuatro meses de nombrado, y el general Fermín Bello, quien había sido Presidente del Estado y nombrado del Congreso Nacional.

El Presidente Luis Valera cayó muy enfermó el 9 de septiembre y el 24 era tan grave su estado que el cuerpo médico que lo atendía decidió su traslado a Caracas.  Castro envió al efecto el buque de guerra El Restaurador que llego el 26 y zarpó al día siguiente con el enfermo, acompañado del Secretario General de Gobierno, Coronel Sebastián Alegrett;    de los médicos Luciano Holmquis, Rafael Requena y de sus amigos Ángel Mattey y Juan Semidey.  Quedó encargado de la Presidencia del Estado, el Presidente de la Corte Suprema, Dr. Antonio María Delgado.

El Restaurador llegó a la Guaira el 28 por la tarde y el diario El Luchador que emitía boletines diarios sobre el estado de salud del magistrado, informó de su muerte ocurrida el 13 de octubre luego de una intervención quirúrgica.

De manera que el trienio constitucional fue cubierto por tres presidentes: Gumersindo Méndez, Luis Valera y Antonio María Delgado, durante el cual se creó la Lotería del Estado, se dispuso la organización del Archivo Público, se creó la Escuela de Artes y Oficios, se reanudaron los trabajos de la antigua Alameda decretada Paseo Restauración, se reparó el Matadero Municipal, se inició la Biblioteca del Colegio Nacional, se reparó el Palacio Episcopal, se dispuso el embarandado de hierro y arreglo de los jardines del Teatro Bolívar, se dispuso la construcción de las aceras laterales de la parte exterior de la Plaza Bolívar, se decretó construcción  de la Plaza de la Aclamación en Soledad,  se dispuso erigir un busto de bronce del Dr. Ramón Isidro Montes en el Jardín Norte del Teatro Bolívar, se terminó la reconstrucción del Hospital Ruiz, se dispuso reconstruir igualmente el Hospital Las Mercedes, se firmó contrato para la construcción del puerto de Ciudad Bolívar, construcción del Hipódromo y regulación de la explotación del caucho.

El 20 de agosto de 1907 fue suscrito un Contrato entre el Ministerio de Obras Públicas y el ciudadano Rafael Segundo Sordo, para la construcción de un moderno Puerto en Ciudad Bolívar.

De acuerdo con las cláusulas del convenio debía constar de un muelle corredizo, flotante, de hierro y madera, 100 metros de largo por 11 de ancho.  La construcción se pautaba dentro del primer año siguiente y se otorgaba al constructor el derecho exclusivo de explotar el muelle mediante la siguiente tarifa: Bs. 1 por cada 100 kilogramos de mercancía (provisiones, ferreterías, pieles, resinos, cobre, oro, frutos y otras producciones del país);  Bs. 0,25 por cada 100 kgms de madera y tablas, carbón y otros minerales y materiales de alfarería; Bs. 0,50 por burros; 0,25 por marranos y chivos y 12 y medio céntimo por cabeza.  El derecho de explotación se fijó por lapso de veinte años, al cabo de los cuales las obras pasarían a manos del Estado sin indemnización retributiva.

El primer Hipódromo que tuvo Ciudad Bolívar se construyó en la parte oriental de la ciudad por iniciativa del Jockey Club con la colaboración del Concejo Municipal  y el Ejecutivo Regional.  Constaba de una pista de 600 metros por 12 de ancho, para seis caballos.  Tribuna para 500 personas y casilla para el Juez y Comisarios.  Se hizo por el sistema de acciones y fue inaugurado por el Presidente del Estado, Dr. Antonio María Delgado, con dos eventos hípicos en los que participaron caballos traídos de la Isla de Trinidad y El Callao.  Entonces un caballo para labores de llano costaba entre 50 y 60 bolívares y 20 onzas el apto para carreras.

La riqueza de los bosques del Estado residía en los árboles productores de caucho, balatá o purguo; aceite de copaiba, sustancias colorantes y otras resinas.  Pero eran talados por los explotadores a fin de extraerle el máximo de rendimiento.

Esta forma tradicional de explotación llevó al Ministerio de Fomento a dictar el 13 de enero de 1907 una Resolución prohibiendo en absoluto la tala de los árboles señalados en terrenos baldíos de la nación.  Basado en esta Resolución el Presidente del Estado, Luis Valera, dictó un Decreto en septiembre del mismo año disponiendo la explotación solo en los árboles que hubieran alcanzado el desarrollo necesario.

Solo estos árboles eran capaces de resistir los procedimientos de extracción que consistían en incisiones y perforaciones que no podían pasar de la primera y segunda capas corticales.  Tales incisiones y perforaciones eran limitadas al cinco centímetros de ancho.  Esto a objeto de que en espacios descubiertos pudiera regenerarse la corteza, para lo cual era indispensable también cubriría con arcilla o greda a fin de impedir la putrefacción o muerte del árbol.

El 14 de septiembre se abrió en el Estado el periodo electoral para renovación de los Poderes Públicos. Se realizaron cuatro días luego las Asambleas populares para la escogencia de concejales de distritos y representantes a la Asamblea Legislativa.

Resultaron electos diputados los doctores José Tadeo Ochoa y Antonio María Delgado, por Heres; doctores Luis Antonio Natera Ricci e Hilario Machado, por el distrito Independencia; doctores Wenceslao Monserrate Hermoso y Julio Calcaño, por Sucre; doctores Luis Godoy Fonseca Rafael Requena, por el distrito Monagas; coroneles Antonio María Baldó y Jerónimo Tinoco, por Cedeño y por el distrito Miranda, el Gral. Blas Arismendi y Cnel. Ricardo Ortiz.

La Asamblea Legislativa inauguró sus sesiones el primero de diciembre bajo la presidencia del doctor José Tadeo Ochoa, y fijó el 7 de diciembre para al elección del Presidente del Estado.
Efectivamente, esa fecha y en horas de la mañana ocurrió la elección resultando favorecido como Presidente para el trienio 1908 − 1911, el Gral. Francisco Linares Alcántara.  Primer y segundo Vicepresidente, Dr. Antonio María Delgado y Gral. Timoteo Carvajal, respectivamente.


El 17 de diciembre, la Asamblea Legislativa eligió a los doctores Luis Alcalá Sucre, en calidad de Presidente; Wenceslao Monserrate Hermoso, como Relator y Cipriano Fry Barrios, Canciller, para conformar la Corte Suprema. 

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Cipriano Castro en Ciudad Bolívar 1905

El General Cipriano Castro, quien inició la era de los andinos en el Poder y se proclamó heredero de un liberalismo que lo endiosaba en exceso, fue objeto durante cinco días en la capital bolivarense de los más cálidos tributos rendidos a gobernante.

Desde el sábado 29 de abril hasta el miércoles 3 de marzo de 1905, se exornaron los frentes de las casas bolivarenses con banderas nacionales y amarillas (color de los liberales) y las de los extranjeros con las enseñas de sus respectivos países, para darle la bienvenida al Presidente de la República, general Cipriano Castro.

La Plaza San Antonio en el Paseo de su nombre, hoy avenida Moreno de Mendoza, fue adornada y se construyeron arcos de varios puntos de la ciudad. En la Plaza “La Restauración” del Paseo Meneses y calles principales, el pueblo se divirtió con las cucañas, la música y fuegos artificiales.
El general Cipriano Castro llegó ese día a Ciudad Bolívar, por vía fluvial  desde el puerto de San Fernando, a las 9 de la mañana.  Desde muy temprano una multitud lo aguardaba.  A las siete se divisó el barco por el occidente y desde ese momento comenzaron los repiques de campanas de la Catedral y el tronar de los cañones y fuegos artificiales.

Una comisión integrada por el Obispo de Diócesis, Monseñor Antonio María Durán, el clero, y representantes de la Municipalidad, del Ejecutivo y la Asamblea Legislativa embarcó en el vapor Apure para presentarle el saludo de bienvenida al visitante. Castro hizo el trasbordo y llegó a la playa orinoquense donde lo aguardaba la multitud.  De allí caminó hasta la Aduana en la Calle Miscelánea (Dalla − Costa) donde tenía preparada su habitación.  La gente invadió la calle y el señor Hilario Machado, desde la acera de enfrente dirigió la palabra a Castro, quien se hallaba entre grupo de damas, en el balcón de la Aduana que daba a la calle Dalla Costa.

El diario de la tarde “El Anunciador” de don Agustín Suegart, al reseñar el acto dice que “feliz estuvo el inspirado señor Machado, en su brillante pieza oratoria y sus frases elocuentes y galanes, fueron lluvia de rosas que cayeron en viva profusión a los pies del héroe excelso”.

Castro respondió desde el balcón en los siguientes términos: “Este pueblo que tengo a mi vista y en cuyo semblante leo que no es lo se me había pintado, este  pueblo es honrado y es laborioso y los pueblos laboriosos y honrados son los hijos del deber, que llevarán a la patria a la cumbre de s u destino”.
“Estoy maravillado de ese inmenso raudal del Orinoco y presiento que los pueblos asentados en sus márgenes, por él serán conducidos a la cúspide del engrandecimiento”.

“Unidos en un solo abrazo, debemos vivir sin rencillas ni enemistades, como hermanos y hermanados los venezolanos con los venezolanos y los extranjeros con los venezolanos y viceversa.  Desde ahora y para siempre estoy con ustedes y para ustedes”.

Castro pasó antes de llegar a la Aduana por varios arcos de palmas y flores.  Uno que decía “Vencedor jamás vencido”.  Otro de la Cámara de Comercio con la siguiente frase: “El Comercio de Ciudad Bolívar saluda al General Castro”  y el de la Casa Dalton & Cia: “Loor al Jefe de la Nación, Gral. Cipriano Castro – Paz, Orden progreso”.

Acompañaban a Castro el Presidente del Estado, Luis Valera; el doctor Julio Torres Cárdenas, Secretario de la Presidencia; general Ramón Tello Mendoza, Gobernador de la Sección Occidental del Distrito Federal, el escritor A. Carnevali Monreal y Dr. José Rafael Revenga, médico del Presidente, quien se hace famoso por sus operaciones de cataratas que devuelve la visión a los ciegos longevos venidos de Upata, Tumeremo y El Callao.

Castro, emocionado por el recibimiento que le tributaba una ciudad que había sido ensangrentada bajo su mandato (Guerra Libertadora), así lo manifiesta el telegrama que al llegar ordena para el general Juan Vicente Gómez, quien se había quedado encargado de la Presidencia:
“A las 9 de mañana de hoy hemos hecho nuestra entrada a está histórica ciudad con un entusiasmo inusitado.  Creo que no ha fallado nadie a la cita; es verdaderamente indescriptible: una locura de recibimiento que raya en el frenesí…”

Gómez responde: “Sea usted feliz y recoja en su corazón ese caudal de gratitud que el pueblo venezolano le ofrece, pues ello le dará, no mayor aliento, pero si más positivas seguridades de que no son estériles los sacrificios que se hacen por la patria y por la humanidad”.

Las publicaciones locales “Boletín Comercial”, “El Centinela” y “Horizontes” dedicaron sus ediciones a exaltar la figura de Castro.  El diario de la tarde “El Anunciador” editado por el liberal consumado como el general Agustín Suegart, no podía quedarse atrás y público una edición extraordinaria con los  siguientes títulos “La Restauración Liberal” por Cleto Navarro, jefe de redacción del diario; “Mi Opinión por le doctor José María Emazabel”; “Castro Guerrero” por el doctor J. M. Agosto Méndez; “Castro Político” por el doctor Antonio María Delgado; “Castro Legislador” por el doctor Cipriano Fry Barrios y “Castro Progresista” por le doctor Carlos García Romero. En la misma edición apareció el discurso de bienvenida de don Hilario Machado.

Un ejemplar de este número extraordinario, impreso en raso amarillo y orlado con una cita tricolor recibió Castro como obsequio en audiencia especial concedida al cuerpo directivo y de redacción del diario “El Anunciador”.  Entonces dijo: “El Anunciador es no sólo el decano de la prensa del Estado, sino también su abanderado”.  Tres meses después se arrepentiría, pues lo clausuró de un solo plumazo.
Por la tarde, El caudillo de la Restauración caminó la calle La Alameda para presenciar una tarde de toros coleados en su honor.  Posteriormente asistió a la Retreta de la Plaza Bolívar y luego cerró el día con un baile de gala en su honor ofrecido en la Casa de Gobierno.  Castro inició la fiesta bailando el vals Pamona con la señora del Dr. Eliseo Pérez Vivas, ejecutado por la Banda Castro dirigida por el general Ramón Maldonado.  Las otras piezas, ejecutadas por la Banda del Estado bajo la dirección de Manuel Jara Colmenares, fueron Contradanza Ciudad Bolívar, Vals Blene, cuadrilla Les Ombres Chismoises; Vals Sourires dÁvril y Polea Minuit, en la primera parte.  En la segunda: Danceros, Vals Laura, danza La Violeta, vals Siempre Invicto, cuadrilla Fleurs, vals Enchantee.  La fiesta terminó a las cuatro de la madrugada.

Castro descansó y pasó la noche en el edificio de la Aduana ubicado entre las calles Venezuela y Miscelánea.  Allí los bolivarenses conocieron la primera vez la luz eléctrica generada por una pequeña planta que se trajo de Caracas.

Gumersindo Rodríguez, describe desde Ciudad Bolívar para su periódico                 “El Constitucional” el viaje de Castro por el Orinoco a bordo del vapor Apure: “El retrato del General descansa sobre la columna central, entre trofeos con los colores del arco iris.  Un gabinete privado en cuya puerta de acceso hay un escudo de la Nación bordado en raso y elegantes cortinas de punto japonés.  La toilette constituye un gran lavado de mármol rosa y nogal con exquisitos servicio de aguas y esencias de Guerlain., Pinaud y Atkinson. Frente al tocador un espejo estilo Renacimiento y en caja de piel de Rusia y almohadilla en seda de colores, los juegos de peines y cepillos  incrustados de plata de marfil.  Sobre la mesa del mismo estilo, un elegante paño de terciopelo carmesí.  Diván de descanso, corte Luis XV.  La cama amplia, rodeada de ventiladores eléctricos y cubierta por artistas sobrecama de raso azul y encajes blancos”.

Al siguiente día, domingo 30,  Castro asistió a un Te Deum oficiado por Monseñor Antonio María Durán y en el que habló el presbítero Dr. Nicolás E. Navarro, Rector del Seminario Metropolitano de Caracas, quien vino expresamente con ese objeto.  Luego hubo una recepción oficial para saludar a los representantes de las instituciones locales.  Seguidamente se organizó un paseo por el Orinoco abordo de los vapores Delta y Apure en los cuales embarcaron unas 800 personas.  El paseo fue hasta las bocas del río Marhuanta,  a dos leguas de Ciudad Bolívar. Un vapor de guerra al mando del general Delgado Chalbaud que venía de escolta del Presidente se hallaba fondeado en San Félix.  El Delta y el Apure anclaron en La Peña donde tenía su vivienda Pedro Mariño.  Allí hubo una ternera que terminó a las tres de la tarde cuando regresó para estar presente en los toros coleados en una improvisada manga construida en La Alameda.  Finalmente el General montó un caballo y se puso a trotar por los alrededores de la ciudad.

Para este día estaba provisto un críquet – mach ofrecido por el “Venezuela Cricket Club” que al final no se dio.  Lo que si se dio fue un banquete ofrecido por el Concejal Municipal en Hotel Decori y un lunch en el “Club Unión Comercial”  después de una Revista Militar en la Plaza Miranda, frente al Capitolio, luego de la revista el general Castro fue conducido al Club por Santos Palazzi, Luis Godoy, Julio Tomassi, José Acquetella, Emilio Uncein, O. Grossmann y José Ortiz.  Ofreció el banquete el doctor                  Luis A.  Natera Ricci, entonces presidente de la Municipalidad.
Castro tras un día de descanso, se despidió de los bolivarenses el 3 de mayo a bordo del vapor Apure.  Mientras estuvo en Ciudad Bolívar, su esposa, la cucuteña Zoila Rosa Martínez, bella y huérfana, permaneció de paseo en la isla de Trinidad.

Antes de irse, Castro visiblemente emocionado por el caluroso recibimiento que le tributaron los bolivarenses, aceptó las suplicas de poner en libertad a los siguientes adversarios de su Gobierno, presos en la Cárcel Vieja: General Simón Tabares, Pedro A. Romberg y Agustín Barrios; coroneles Ladislao Rosales, José Ballenilla Marcano y Toribio R. Prospert; civiles doctor Luis F. Vargas Pizarro y Ascensión Rojas Vásquez.  Finalmente accedió derogar el decreto de expulsión que pesaba sobre el comerciante Merino Palazzi.

Quedaron más presos en la Cárcel alegando ante una comisión de damas que sería peligroso dejar las cárceles vacías.  Además “esos presos no son míos. Son prendas de seguridad de la República, siempre dolorosas, pero siempre también necesarias al orden de sus sistema, al amoral de sus costumbres, al decoro de su nombre”.


Castro llegó de regreso el 15 de mayo a Caracas después de visitar Carúpano, Cumaná y Margarita, abrumado de discursos, bailes, toros coleados, Champagne y arcos de triunfos.

martes, 3 de noviembre de 2015

Gobernador Francisco Linares Alcántara 1907-1910

El general Francisco Linares Alcántara fue electo presidente del estado Bolívar para el trienio constitucional 1907-1910, pero gobernó exactamente un año, pues, Juan Vicente Gómez, al destronar a Cipriano Castro, lo absorbió como su Ministro de Relaciones Interiores.

Francisco Linares Alcántara, político y militar egresado de la Academia de West Point, era nativo de Altagracia de Orituco (Guarico /18.3.1876) Para diferenciarse de su padre homólogo, quién fue Presidente de la República (1877-1878) aceptaba el apodo de “Panchito”.

Durante su gestión, el Estado Bolívar y todo el sur sufrió un crudo y prolongado verano que afectó la navegación hacia arriba y empobreció la cosecha de sarrapia. Entonces                 también comenzaron materializarse las dificultades para la explotación del balatá, pues destruidos los árboles de las zonas más próximas, se tenía que ir muy lejos a buscar la savia, precisamente cuando el mercado internacional estaba saturado y habían mermado los precios.         

Vino a sumarse a tales males la epidemia de peste bubónica en la Guaira y el decreto del gobierno de trinidad cerrando los puertos de aquella Isla a los Barcos Venezolanos, con el consecuencial perjuicio para el Comercio y la Economía General del Estado y  del resto de la región Sur. Incluyendo Amazonas (Río  Negro), donde entonces gobernaba Horacio Luzardo, reemplazado a mitad de año por el General. Manamá.

Sin embargo, los ajustes presupuestarios no impidieron que se decretara y comenzaran los trabajos de construcción de las aceras y cañerías de desagüe de las casas de la Ciudad; la instalación completa de un equipo de alumbrado de gas acetileno en la Biblioteca del colegio de varones; una alcantarilla de concreto en el canal de desagüe de la laguna;  de refacción del salón de la jefatura Civil y del cuartel de policía que entonces quedaba en una sección de la cárcel vieja; adquisición de mobiliario para el Palacio Episcopal; trabajos de relleno en la Avenida El Porvenir y Plaza Farreras; reparación de la calle Santa Ana al Cementerio; ejecución de los retratos  al óleo de los próceres de la Independencia, General Pedro León Torres, Fernando Peñalver, Eusebio Afanador y Juan Vicente Cardozo para ser colocados en la casa del Congreso de Angostura.

Creación de una estación de policía en los Morichales (así se llamaban diversos caseríos alrededor de la Ciudad), a cargo del Coronel Eleazar Carrillo. Se la dotó de bestias para el recorrido, toda vez que el único medio de transporte rural rodante de entonces eran los carros de dos ruedas tirados por bueyes, popularmente conocidos como ruletos. En la ciudad el transporte rodante era relativamente más avanzado. Coches tirados por caballos: el Famosos Victoria y el  Fheatón sin capacete. Había incluso un Ómnibus  que por falta de vías adecuadas,  se limitaba a llevar  pasajeros desde el Oasis, en la calle Orinoco donde también quedaba  la cantina la Isla, de J. Ramón Núñez, hasta el  hipódromo  y ofrecer paseos de seis a  cuatro de la tarde. Su dueño o administrador, Francisco Piraldi , inauguró posteriormente una ruta  nueva  hasta  Morichal el Prado.

De manera que, primero que el automóvil, llego a Ciudad Bolívar el Ómnibus,  gracias al auge económico  dado no solo por la sarrapia y el caucho, sino también  por la explotación de los yacimientos auríferos  de el Callao.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

Varias empresas explotaban el oro de la región yuruarense, entre ellas, “El Callao General Gold  Mining Company  Ltd” o Compañía Minera del Callao contra la cual, en septiembre de ese año 1908, la Corte Suprema de Distrito Federal dictó sentencia en el juicio seguido por Bartolomé Tomasi & Co por cobro de Bs.  625..295,40 que le debía la prenombrada por suplementos y anticipos que le hiciera la explotación minera, incluyendo los réditos de dicha suma, desde el día 16 de julio al tipo del 9% anual. Antonio Ledesma era en Venezuela  el representante de la Compañía, la cual tenía su sede en Londres y su abogado, el doctor  Nicomedes Zuloaga, quien apeló el fallo favorable a B. Tomasi .

El juicio contra la empresa inglesa fue celebrado en Bolívar como fue celebrado también el juicio favorable al Estado Venezolano contra la Bermúdez Company , explotadora del asfalto de Guanaco.  Esta fue condenada a pagar, como en efecto pagó, una multa de cinco millones de bolívares.

Ciudad Bolívar estaba en buena tónica comercial, cultural y gremial. El Teatro Bolívar se abarrotaba con la puesta en escena dentro de una programación llamada Martes Elegantes, de las obras La Tosca, La  Esposa del Vengador, Las Campanas de Carrión, El loco, Díos y el Drama de Fedora, todas interpretadas por Emilia Montes, primera actriz de la empresa teatral de Teófilo Leal que andaba en gira por las principales ciudades de Venezuela.

De ese tiempo es la “Sociedad Cooperativa de Ahorros “, pionera del sistema de ahorros bancarios en Venezuela, fundada por connotados señores como Bracho Albornoz , Guillermo Lange , Tomás Carrasco , J. E  Sánchez Afanador y Arístides  Rengel.
Del tiempo de Linares Alcántara  es también la plaza Farreras de Ciudad Bolívar. El General ordenó su construcción en forma de abanico. Se necesitaron  tres mil carros de tierra para la explanación del lugar. Las aceras fueron hechas con cemento romano, medio metro por encima del nivel de la  calle, pero no tuvo el tiempo suficiente en la Presidencia  del Estado para concluirla e inaugurarla, porque otro  destino mayor lo aguardaban.

El 23 de noviembre de ese año, el Presidente de la República Cipriano Castro se vio obligado a pedir permiso para viajar a Europa, específicamente Alemania, donde debía   tratarse una afección renal aguda, Su compadre y compañero de lucha en el camino de la restauración, General Juan Vicente Gómez, primer Vicepresidente, fue llamado para sustituirlo y ya sentado en la silla de Miraflores, para beneplácito de las potencias que nada querían  con el Presidente enfermo, decidió cambiar  las cosas  sin tener porqué darle cuenta a su antecesor.

El pretexto fue una conjura contra la vida del Presidente encargado, Juan Vicente Gómez, cuyo principal indicio estaba en un supuesto telegrama enviado por Castro al Gobernador de Caracas, Pedro María Cárdenas, con el siguiente mensaje: “La Culebra se mata por la cabeza”

El 20 de Diciembre, el General  Gómez, se dirige a la nación anunciando su decisión de cambiar el gabinete tras  debelarse una conjura fraguada contra su vida y porque “algunos pocos ciudadanos  que llamándose  íntimos amigos de Cipriano Castro han  obstaculizado el cumplimiento de mis deberes”. Justificado de esta manera el golpe, Venezuela tenía nuevo mandatario. Unos salieron  y otros llegaron  o fueron ascendidos como el General Francisco Linares Alcántara, Presidente del estado Bolívar

Linares Alcántara  dejo al Estado Bolívar el 7 de Diciembre luego de embarcarse en el  vapor manzanares con destino a la Guaira. Por corto tiempo informaría al diario  El Luchador, pero se quedo como integrante en el nuevo Gabinete en el Ministerio de  Relaciones  Interiores.  Su lugar fue ocupado por el Dr. Antonio María Delgado, primer Vicepresidente del estado, quien ratifico al Gral. J. Campbell Acosta, como Secretario General del Gobierno.

Los otros miembros del Gabinete fueron: Dr. Francisco Gonzáles  Guinán, Ministro de Relaciones Exteriores: Gral. Régulo L. Olivares, Ministro de Guerra y Marina: Gral. Rafael Carabaño, Ministro de Fomento: Dr. Roberto Vargas, Ministro de Obras Públicas: y Samuel Maldonado, Ministro de Instrucción Pública.

El golpe de Gómez contra Castro en ausencia, ocurrió cuando las aguas territoriales de Venezuela estaban asediadas  por cruceros de la Marina Real Holandesa, los cuales ya habían  entrado a algunos puertos y ejecutado actos de registro a mano armada en naves mercantes, con propósitos deliberadamente hostiles.

El cambio gatopardeano del poder acabó contra la agresión de países europeos con los cuales Venezuela  estaba en deuda. Gómez prometió  cancelar  hasta el último centavo y no fue promesa vana. Seguramente su Gobierno estuvo  respaldado por las potencias extranjeras.  Cinco días después del golpe, fondeó en el Puerto de la Guaira, el Delphin,    buque de guerra americano, enarbolando el pabellón de Venezuela y saludando con disparos de ordenanza. Ese mismo día. Thomas Washington, capitán  del buque,  subió con toda su oficialidad a saludar a Gómez  en  Miraflores.

Pero no todo fue color de rosa, el Presidente  de Guárico, Luciano Mendibel,  se alzo contra Gómez en calabozo y luego de asesinar al comandante de armas, se apodero del parque y proclamó a Nicolás  Rolando como jefe de la Revolución. Perseguido  por fuerzas leales, huyo a San Fernando.

Quienes  manifiestamente se opusieron a la actitud de Gómez, fueron perseguidos y detenidos  y para darle sustentación al golpe e inhabilitar a Castro, toda vez que el simple telegrama no constituía prueba fehaciente, fue enjuiciado por la muerte  del conspicuo  general de la revolución federal, Antonio Paredes.

Comenzó para Venezuela un nuevo tiempo dictatorial con un solo caudillo: Juan Vicente Gómez.   El forzoso  heredero del trono sabía donde le apretaba el zapato que calzaba: 42 anchito.

Venezuela entonces contaba 2.654.000 habitantes y una deuda de 225 millones de bolívares que acreedores como Holanda e Inglaterra no toleraban; pero la explotación petrolera, aunque tímidamente,  había comenzado un año antes.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

lunes, 2 de noviembre de 2015

DICTADURA DE JUAN VICENTE GÓMEZ 1908-1935

Juan Vicente Gómez, tachirense nacido en el hato “La Mulera”, fue amo y señor de Venezuela durante 27 años, desde el 19 de diciembre de 1908 cuando se usurpo el poder a su compadre Cipriano Castro, quien se hallaba en Paris padeciendo de un riñón, hasta el 17 de diciembre de 1935 cuando falleció en su hacienda “Las Delicias” de Maracay.

Emergió de la Venezuela levantisca, cuyo dominio se disputaron por decenios los caudillos formados durante las cruentas guerras de independencia.  El siempre fue hombre de hacienda y tenía una fronteriza llamada “Buena Vista”, entre Colombia y Venezuela, donde finalizando el siglo diecinueve se concibió y preparó toda una  ambiciosa y casi quijotesca aventura que los llevaría, tanto a él como a su compadre Cipriano Castro, hasta el propio Palacio de Miraflores donde se tambaleaba el gobierno de Ignacio Andrade.

Hombre fuerte y de pocas letras era Gómez, formado en las duras faenas del campo, astuto, zamarro y de innata habilidad para los negocios.  En cambio su compadre era nervioso y romántico, sin tres cuartos en el bolsillo, pero con una manifestación vocación política alimentada por el verbo jacobino de los liberales colombianos, capaz de convencer a una vulpeja como Juan Vicente Gómez, como efectivamente lo convenció para meterlo de capitalista en una aventura que por su cuantía al iniciarse – apenas eran 60 hombres entre la oficialidad y la peonada – tenía aparentemente todas las de perder, pero que por suerte de la audacia pudo salir airosa.  Castro y Gómez cruzaron media Venezuela en cuatro meses con un contingente de hombres armados y tras unas cuantas escaramuzas y batallas, entraron triunfantes en Caracas para dar inicio al Siglo XX con el llamado Gobierno de la Restauración Liberal, que luego el propio Gómez, al usurparle el Poder a Castro, convirtió en Gobierno de la Rehabilitación Nacional.

Cipriano Castro gobernó un decenio trasformado en un autócrata con imputes nacionalistas, en tanto que Gómez gobernó como dictador vitalicio apoyado por el imperialismo que veía con voracidad la riqueza petrolera del subsuelo venezolano.  Sobresale en la historia porque solventó la deuda que sucesivos gobiernos anteriores habían contraído con la banca extranjera, por haber modernizado el ejército, acabado con el caudillismo pernicioso y haber integrado al país a través de un sistema de carreteras y caminos.  Pero. ¿A qué precio?.

Gómez para asegurar su estabilidad en el gobierno y garantizarle un clima de tranquilidad al capital foráneo en la explotación del petróleo y otras materias primas, persiguió, torturó, encarceló y expulso a cuanto político y caudillo se atrevió a reclamar por los derechos y libertades que asisten al pueblo para escoger sus gobernantes y decidir sobre los grandes asuntos de la vida nacional.

Siguiendo esa línea de conducta conculcó el simple derecho de expresión y manifestación.  Los sucesos estudiantiles de febrero de 1928 son ejemplo trascendente.   Los aplastó a sangre y fuego.  El verbo encendido de Jóvito Villalba quiso ahogarlo en el propio Panteón Nacional.  Asimismo el de Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Pío Tamayo, cabezas visibles del estudiantado que de la mano de la soberana Beatriz Peña Arreaza, solo pudieron gritar hasta el cansancio.

¡Abajo el bagre!  ¡Muera el bagre!  ¡Sígala y bájala!
¡Saca la pata lajá!  ¡Y ajá!  ¡Y ajá!  ¡Y saca la pata lajá!

Contra Gómez no podía nadie y así como aplastó los sucesos estudiantiles de 28, aplastó también al alzamiento del General José Rafael Gabaldón, en Monte Cristo (Portuguesa); aplastó el asalto a Curazao y Coro liderizado por Rafael Simón Urbina, Gustavo Machado, Miguel Otero Silva, Ramón Torres, Gustavo tejera y Juan José Piña, entre otros; aplastó la Expedición del Faltes comandada por Ramón Delgado Chalbaud, muerto al tratar de tomar a Cumaná defendida por el General Emilio Arévalo Cedeño y una segunda expedición de Rafael Simón Urbina zarpada desde el Puerto de Veracruz con 20 mexicanos y venezolanos.

Esta segunda expedición del general Urbina fue destruida en Coro, donde desembarcó, por las fuerza del gobierno comandadas por el general Simón Jurado.  Al cumplir exitosamente su cometido, lo comunicó a Gómez con el siguiente telegrama:

“Zamuros coreanos desayunándose con carne mexicana” 

A Gómez lo acompañó la fortuna cada vez que le tocó enfrentar un alzamiento contra su gobierno, de la magnitud que fuese.  Podríamos agregar también el 13 como número de suerte, pero la verdad es que Juan Vicente Gómez había modernizado de tal forma el ejército e intercomunicado al país que todo se le hacía más expedido.

Contaba además con una buena red de espionaje que se extendía hasta el exterior.  El fracaso de la expedición del Faltes que contaba hasta con ametralladora, fue a causa de la delación de un vendedor de armas europeo de apellido Spira, sobornado por un espía.  Tenía Gómez todo bajo control y era de pensarse que si logró desbaratar en tiempos de castro la Revolución Libertadora que se extendió a todo el país durante tres años y que tuvo a Ciudad Bolívar como último reducto, nada más después podía prosperar.  Gómez se cuidaba y vigilaba de cerca cualquier forma de expresión o agrupación. Sospechaba hasta del Rotary Club, el cual termino disolviéndose para sustraerse de la vigilancia permanente del dictador.

Durante su mandato prosperó el jefe civilismo como azote nacional así como el uso discrecional del poder.  Los funcionarios de baja categoría abusaron tanto como los de arriba. A los políticos no solo los reducían a la tétrica sordidez de un calabozo, sino que les colocaban presados grillos hasta de 60 libras en los pies y muchos de ellos padecieron                    5, 10, 15 y 20 años sepultados vivos, como el caso del Caribe Vidal, en los estrechos muros de La Rotunda y el Castillo de Puerto Cabello.

El tristemente famoso reclutamiento traumatizó por años a la familia venezolana porque no solamente se reclutaban jóvenes y obreros para el ejército, sino también para someterlos a trabajos forzados en la Construcción de carreteras como la de La Guaira a Caracas y la de Caracas a Los Andes y a Oriente.
En el libro “Evolución Política y Social de Venezuela”, Augusto Mijares da cuenta de 300 vecinos de Maracaibo llevados a trabajar en una carretera cerca de Barcelona y por haber muertos en el lugar, éste recibió el nombre de “Cementerio de los Maracuchos”.

El mismo Mijares cuenta cómo en ese entonces el cargo público podía jerarquizarse de acuerdo a las ganancias ilícitas que producía y cómo hasta en los estados más pobres, los gobernantes se enriquecían en poco tiempo.  “Porque no era el robo directo de los caudales públicos lo más codiciados, sino la posibilidad de meter la mano en la propiedad privada, de adquirir valiosos fundos por precios irrisorios, de hacerse pagar por los propietarios para no reclutarle los obreros, el establecimiento de monopolios y hasta la explotación de garitos, valían más que la más alta posición.

Parientes muy inmediatos al Presidente de la República tenían en la capital el monopolio de la carne y el pescado y disfrutaban de la explotación exclusiva de las casas de juego de la llamada Lotería de Beneficencia Pública.  El ambiente del horror y  de angustia que semejante régimen producía, queda sintetizado en el hecho de que millares de venezolanos salían anualmente del país a establecerse en Las Antillas, en Colombia o en los Estados Unidos.  No muchos eran exiliados políticos, pues Gómez prefería la cárcel y sólo como una merced concedía el destierro; eran venezolanos que simplemente no podían vivir en su país bajo aquella presión enloquecedora, o que iban a trabajar al extranjero porque las desastrosas consecuencias económicas de tal política cerraba cualquier  posibilidad d honrado provecho.

En 1928 se podía apreciar claramente que no había familia venezolana que no  tuviese
alguno de sus miembros en la cárcel, en el destierro o ganándose la vida como simple obrero en los Estados Unidos del Norte”.

Para poder usufructuar el Poder durante 27 años, Gómez hizo reforzar la Constitución Nacional en los aspectos referentes a la reelección y duración del periodo.  Se explica así que luego de haber sido Presidente provisional en 1908 a raíz de la ausencia de Cipriano Castro, es elegido sucesivamente Presidente para los periodos 1910 – 1915; 1915 – 1922; 1922 – 1929; 1929 – 1936.

En este último periodo fingió no aceptar y propuso al Congreso la elección del doctor Juan Bautista Pérez, contra quien maniobra para hacerlo renunciar en 1931.  En el curso de su mandato y a fin de poder vivir en Maracay que era su tierra predilecta y centro de sus grandes negocios como el monopolio de la industria azucarera, separó varias veces de la Presidencia, pero conservando la jefatura del ejército.

Quienes lo alternaron en el Poder en esa forma, José Gil Fortuol y Victoriano Márquez Bustillos, no hicieron otra cosa que concurrir a ceremonias, pronunciar discursos y firmar ciertos documentos porque, realmente, quien disponía, hacía y deshacía desde su hacienda “Las Delicias”, era el general de La Mulera.  Por eso entonces se llegó a hablar a sotto voce del Presidente de la Presidencia.

Existe una famosa caricatura del Semanario “Fantoche”, dirigido por el malogrado Leoncio Martínez (Leo), donde humorísticamente se ilustra esta realidad. Aparece Gómez en la caricatura con un sable reluciente y a su lado Victoriano Márquez Bustillos en actitud interrogante con la funda del sable: “General, hasta cuando me va a tener con esta vaina en la mano”.

En la década del veinte, Gómez cayó en la tentación de prolongarse en el Poder a través de sus descendientes y con esa intención nombró a sus hijos Juan Crisóstomo   Gómez (Juancho) y José Vicente Gómez (Vicentico), primer y segundo Vicepresidentes de la República de Venezuela, respectivamente.  Sin embargo, la muerte de Juancho por intrigas familiares, lo hizo desistir de tal propósito.  Desaparecido Juancho de            manera cruenta de la escena política, le dijo a Vicentico “renuncia a todo y             dedícate a los negocios porque no quiero que mis hijos sufran por asuntos de la política”.

Gómez fue un obsesionado del Poder, se aferró a él hasta su muerte, cuidó la silla presidencial con habilidoso celo y a medida que avanzaba la edad y se debilitaba su fuerza física, se hacía más desconfiado. Pedro Tinoco y Rafael María Velasco, quienes en sus días de postración aparentaron como encargados de la Presidencia, en la realidad no eran tales.  Ni siquiera el general Eleazar López Contreras, Ministro de Guerra y Marina, había sido escogido previamente por el caudillo para sucederle.


El General Eleazar López Contreras asumió el Poder horas después  de morir   Gómez, designado por el Consejo de Ministros y ratificado posteriormente por el                  Congreso de la República, no obstante que el clan Gómez aspiraba y planificaba otra    cosa.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Gobernador Dr. Antonio María Delgado 1908-1909


Antonio María Delgado, doctor en ciencias políticas, graduado en la Universidad de Guayana en 1894, gobernó al Estado Bolívar durante casi nueve meses en calidad de Primer Vicepresidente, vale decir, desde el 7 de diciembre de 1908 cuando se ausentó el titular Linares Alcántara hasta el 28 de agosto de 1909.
En 1909 fue recibido con una gran fiesta, pero como se estaba en una situación política de facto, no hubo el tradicional cambio de autoridades de principio de año. Alegres carreras de cintas en el Paseo San Antonio, corridas de toros, inauguración de la temporada de cine con la película silente “La Gallina de los huevos de oros” y una velada en el Teatro Bolívar en la que destacó la actuación de las señoritas Matilde Von Buren, María Gunterman y Ana Unselhn.

El Teatro Bolívar estaba en su apogeo.  Ese año tuvo por primera vez luz eléctrica con motivo de la nueva temporada que inauguró con la Compañía Japonesa – Americana en la que eran figuras de primera línea los Hermanos Kawanura, formidables gimnastas y acróbatas exaltados como “Los Reyes del Tapete”.

“Las bombillas son de bastante fuerza por la completa claridad del local, prestando una luz que por su buena distribución no daña la vista, a causa de esa intermitencia que aún no ha logrado la ciencia impedir por completo”  reseñó el diario El Luchador.

En esa ocasión el Consejo Municipal, entusiasmado por la novedad, suscribió un Contrato con el dueñote la planta eléctrica, Ramón Enseñat, para el alumbrado del Teatro.  Así con alumbrado eléctrico, fue posible que los bolivarenses apreciaron luego por primera vez la exhibición del Bioscopo inglés precursor del Cinematógrafo, en el que proyectaron las películas Triste Juventud, El Hijo Prodigo y En el país de los sueños.  Durante la misma temporada fueron presentados el prestidigitador Chas Lieckey (Yuma) a quien los bolivarenses llamaban El Brujo y el ilusionista Conde Alfonso Fatrizio di Castiglioni.

A. Guillermo Lange,  dueño de una Farmacia y recién designado Agente Principal de Estampillas en el Estado, lo motivó tanto el alumbrado eléctrico del Teatro Bolívar, que comenzó a soñar una Planta Eléctrica para toda la ciudad capital. Este sueño se le trasformo en realidad a partir de octubre del año siguiente cuando formó parte de quienes impulsaron exitosamente una Compañía con tal fin.

La alegría de enero se empató con los carnavales de febrero no obstante las amenazas de Castro, de repetir su proeza para reconquistar el Poder, no desde el Táchira como en 1899, sino desde las Antillas.

El carnaval de 1909 lo presidió en Ciudad Bolivar Miguel Ángel Aristiguieta, quien se hizo llamar “General en jefe de los ejércitos del desorden”.  Entonces el Carnaval, aparte de los espectáculos artísticos y otros eventos típicos recreacionales, configuraba una intensa batalla de harina y confites entre dos grandes bandos: Rojos y Azules.  Los partidarios de cada bando hacían más divertido y alegre el Carnaval enarbolando en sus casas una bandera con el color de su divisa.
Las fiestas, sin embargo, estuvieron algo perturbadas por la explosión de una cantidad de cohetes en el coche que ocupaba la Presidencia, resultando un herido. También por la muerte del Gral. Matías Alfaro, soldado de la Guerra Federal y la noticia de los fallecimientos de G. H. Blohm, en Hamburgo y Enrique Vicentini, en Italia.  El primer fundador de la Casa Mercantil Blohm en Ciudad Bolívar y el segundo, hijo del tipógrafo Cristiano Vicentini y hermano de Federico y César, comerciantes de la plaza.  Ese mismo año, pero en el mes de julio, falleció también en Caracas, siendo senador por Bolívar, el Gral. Manuel González Gil, quien había sido Presidente del Estado en 1894.

Gómez acomodaba sus piezas en sitios estratégicamente claves como el Territorio del Yuruari, en el que colocó de Gobernador al Dr. Luis Godoy, quien en 1911 lo será también del Estado y de Comandante de Armas de toda la región del Orinoco, dejó al general Juan Fernández Amparan, hombre que se ganó su admiración en la Batalla de Ciudad Bolívar cuanto tomó la Fortaleza del Zamuro, en la fase final de la Revolución Libertadora.

El Presidente Antonio María Delgado, quien tenía su residencia al igual que su bufete, en la calles Bolivar 38, frente a la Plaza Mayor, continuo la labor de su antecesor apoyado por éste desde el Ministerio de Relaciones Interiores.

Una de sus primeras resoluciones estuvo dirigida a darle mayor accesibilidad a la calle Carabobo que se hallaba en muy mal estado.  Para ello resolvió el 3 de febrero designar al constructor Antonio Valera Villalobos “para ejecutar los trabajos de reparación de la calle Carabobo en la cuadra comprendida entre las calles Amor Patrio y Bolívar,  y construcción de una escalinata de concreto que de acceso a la expresada calle por la calle Bolívar”.  Asimismo encomendó una semana después a Valera Villalobos la reparación del empedrado de la calle La Concordia y ordenó la importancia de cemento romano en barriles para construir las obras públicas que habían sido decretadas por su antecesor, entre ellas, la Plaza Farrera.

Ciudad Bolívar comenzó entonces a tener dos diarios al sumarse a El Luchador el Ecos del Orinoco, impresos en la tipografía “El Comercio” de Pedro Liccioni. Este periódico vespertino comenzó a circular el 2 de marzo bajo la experta dirección de José María Navarro, luego que su hermano Cleto decidió separarse El Luchador para trabajar ambos en comunidad. Cleto Navarro fundará cinco meses después la Sociedad Tipográfica “Juan Germán Roscio”.

Entonces se dudaba de si los restos de Juan Germán Roscio estaban inhumados en el Cementerio de Ciudad Bolívar, no obstante haber fallecido en Cúcuta.  “¿Los habían trasladados aquí?” se preguntaban los bolivarenses, luego de haber leído en el diario          El Universal de Caracas una nota pidiendo el traslado de sus restos de Ciudad Bolívar al Panteón Nacional. “Reposan sus venerables restos en el Cementerio de Ciudad Bolívar en una modesta bóveda de ladrillo con una cruz y breve inscripción” decía la nota, explicando que “descendientes los Afanador Roscio, actualmente en Ciudad Bolívar, pueden indicar donde está situada la tumba”.  Añadía que el prócer Juan Germán Roscio había nacido en Caracas en 1769 y muerto el 13 de mayo de 1821, a los 52 años de edad.  Posteriormente el mismo periódico se ocupó de aclarar la verdad.  Los restos de Roscio nunca fueron inhumados en el Cementerio de este lado del Orinoco, no obstante haber residido junto con su esposa la angostureña, Dolores Cueva Afanador y haber sido Presidente de Congreso y Vicepresidente de la Gran Colombia mientras Angostura fue asiento de los Poderes Supremos.

Siendo Presidente del Estado, el doctor Antonio María Delgado, comenzó el juicio contra Cipriano Castro por la muerte en Territorio del Estado Bolivar del Gral. Antonio Paredes, hombre altivo y de una cimentada cultura aristocrática. Había estudiado en Saint – Cyry leía en sus respectivas lenguas los clásicos de Francia e Inglaterra.  Siempre menosprecio a Castro y participo en las campañas militares de 1892 al lado de la Revolución Libertadora.  En 1989 – 1899 y en 1903.  En 1907 trató e invadir el Oriente con 16 guerrilleros en una operación casi suicida, pero fue sorprendido por soldados castristas enviados por el Presidente de Bolívar,  Gral. Luis Valera.  Amarrado se le condujo con sus compañeros hasta Barrancas y luego al vapor “Socorro” donde fue fusilado en la madrigada del 15 al 16 de febrero.

El Cnel. Jesús García, al mando del cual estaban los hombres que le dieron muerte, aclaró más tarde los hechos.  “No traiga usted presos: de oficial para arriba fusílelos”.  Habría sido la orden de Castro para Valera en febrero de 1907.  Paredes junto con sus leales guerrilleros fue capturado y fusilado a bordo del vapor Socorro y lanzado al Orinoco.  Días después, pescadores vieron el cadáver flotando, lo rescataron y le dieron sepultura en Payara, ribera izquierda del Río Padre.

En abril de 1908, el Presidente del Estado Dr. Antonio María Delgado, designó al Dr. José Félix Armas, presidente de una Comisión que por resolución del Ejecutivo Nacional fue autorizada para exhumar los restos del romántico General carabobeño y trasladarlos a Caracas.

Antonio Paredes, nacido en Valencia en 1869, contaba 38 años cuando fue fusilado.  Era hijo del General Manuel Paredes, liberal que se destacó en la Guerra Federal y escribió varios libros, entre ellos,  “Consejos e instrucciones sobre el arte de la guerra”.

La causa iniciada contra Castro por abuso de Poder y haber ordenado el asesinato de Paredes, prospero y la Corte Federal y de Casación lo declaró suspendido e inhabilitado para el ejercicio de la Presidencia.

Gómez perdonó a los enemigos de Castro exiliados o encarcelados, entre ellos, a Ramón Cecilio Farreras, quien salió en libertad en marzo de 1909 del Castillo Libertador de Puerto Cabello donde pagaba condena (10años) junto con su padre y su tío, muertos en prisión. (Falleció en Mérida el 8 de diciembre de 1921).

El nuevo estado de cosas repercutió favorablemente para algunos y muy mal para otros cuyos negocios se vieron afectados, especialmente aquellos que tenían concesiones del Estado como Eugenio Berletta, quien se vio obligado a poner en venta su empresa telefónica y los dueños de la Compañía de Vapores del Orinoco.

Con fecha 4 de junio se constituyó la Compañía de Navegación Fluvial y Costera de Venezuela, para continuar explotando el contrato que sobre navegación del Orinoco y sus afluentes aprobó el Congreso Nacional en 1904 a favor de la Compañía de Vapores del Orinoco, cuyos derechos traspasó a Guillermo Montes y éste a la expresada Sociedad, previa aprobación del Ejecutivo Nacional  del 21 y 22 de mayo.  La Directiva de esta nueva empresa de navegación con Capital de 3 millones de bolívares, quedó presidida  por Ramón Delgado Chalbaud; Vicepresidente, Roberto Handerson y Vocales; Jesse Henderson, Eliseo Sarmiento y Luis Sucre.

Además de la navegación por mar y río, los bolivarenses querían medios de transporte terrestres más fluidos porque ya se estaban cansando de viajar en vapores.  El jurisconsulto José Gabriel Machado, descendiente del prócer de la independencia, Capitán de Navío José Tomas Machado, propuso la construcción de un Ferrocarril Barcelona – Soledad, proposición que fue acogida por los representantes bolivarenses en el Congreso, entre ellos, el senador Gral. Manuel Silva Medina, igualmente empeñado en que el Congreso de la República otorgara a los próceres José Tomás de Heres, José Tomás Machado, Ramón Isidro Montes y José Tadeo Ochoa, los honores del Panteón Nacional.

La proposición del ferrocarril tuvo aceptación mayoritaria por diputados del Congreso, quienes suscribieron la introducción del proyecto de decreto.  No obstante tuvo oposición en algunos sectores.  Un tal Bachiller Mungría escribió en El Tiempo de  Caracas contra el proyecto alegando que tendría el costo exorbitante de 10 millones de bolívares.

Para legalizar el golpe de estado, el Congreso de la República dictó una nueva Constitución Nacional que fue promulgada por Gómez el 5 de agosto de 1909 y la cual restableció los 20 Estados federales, fijó en cuatro años el período presidencial e instituyó el Congreso de Gobierno cuyo presidente suplía al primer magistrado.

Entre el golpe de 1908 y el inicio del nuevo período constitucional fijado para el 19 de abril de 1910, Gómez ejerció con carácter provisional el Poder Ejecutivo y gobernó en su primera fase con los caudillos más representativos del partido liberal amarillo y del liberalismo nacionalista que luego se vio obligado a execrar por haber ellos entrado en una absurda rivalidad dentro del propio gobierno.

Entre esos caudillos estaban el General coreano Arístides Tellería, a quien nombró Presidente provisional del Estado Bolívar en el mes de agosto, para sustituir al Dr. Antonio María Delgado.